La vida.
(...)
Y la miras de reojo
temeroso
de que pueda cegarte
su intensidad.
Comerse el mundo.
Qué ironía.
En su afán
por no sentir
a cada segundo
la desagradable náusea
de la inmensidad
se empeña en ponerle nombre
a cada estrella.
Elige tres.
Si le damos la espalda
a la realidad,
nuestra imagen crece
ante el espejo.
Ausente de comparativas,
de gradientes,
de relación.
Alivio momentáneo.
Vengativa huida.
Juego ridículo.
Absurdo.
Y cada mañana,
sin excepción,
la vida le estalla
en plena cara.
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